En febrero, un violento terremoto sacudió el sur de Turquía y el norte de Siria. Murieron al menos 50.000 personas y muchos edificios quedaron destruidos. La ciudad siria de Alepo, que ya ha sufrido mucho a causa de la guerra, se vio especialmente afectada.
Al párroco Hugo Fabián Alaniz, de la parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación, lo protegió su ángel de la guarda -a él no le pasó nada-, pero sobre su auto, estacionado en la calle, cayeron escombros del sexto piso, y ahora es chatarra. Eso supone un gran problema, porque la labor pastoral y social de la parroquia es prácticamente imposible sin un vehículo. Los sacerdotes y el personal de la parroquia y del centro social anexo lo necesitan porque, a menudo, también tienen que transportar suministros de socorro o llevar en auto a personas discapacitadas o ancianas.
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Recurrir a un taxi es demasiado caro y, además, los taxis suelen ser poco fiables. Ahora han arrendado un auto, pero eso también resulta demasiado caro a largo plazo y, por tanto, no es una solución. Por ello, el padre Alaniz se ha dirigido a nosotros para suplicarnos ayuda. Nosotros, que no queremos ayudarlo y le hemos prometido $ 18.731.223 (21.700 euros) para que pueda hacer su trabajo y ayudar a los necesitados, que en Alepo son más que nunca.